La zona somital del cerro de Gasteiz se ocupará, desde fines del siglo VII d.C., por una unidad de explotación con abundantes indicadores de poder que denuncian la naturaleza privilegiada de ese espacio y la existencia, desde fechas tempranas, de una indudable jerarquización en el interior del asentamiento: las dimensiones del complejo, su articulación espacial como casa a corte, su sistema de stockage, las estructuras siderometalúrgicas registradas, la capacidad económica para adquirir productos cerámicos en mercados suprarregionales… todo apunta a la existencia de un espacio controlado por señores o sus representantes. En este sentido, Gasteiz constituye un modelo que nace en torno al 700 como un asentamiento en altura, en cuyo seno parece despuntar muy tempranamente un proceso de jerarquización social que acabará marcando la vocación del lugar como un asentamiento rural de rango superior que con el cambio de milenio se transformará en un auténtico central place.
