De la desestructuración de l imperio romano habría surgido en la mayor parte del País Vasco actual un nuevo paisaje totalmente distinto, caracterizado por la transformación estructural de la organización social, una decreciente complejidad económica, la devaluación de las capacidades de las élites dirigentes y, sobre todo, la transferencia al campesinado de la iniciativa en la gestión y la explotación del territorio. Esta situación revertió rápidamente a partir del siglo VIII, con la formación de élites dominantes, territorialmente fuertes y consolidadas, responsables de la configuración de una densa red de aldeas, en las que la fundación de iglesias constituiría el reflejo arqueológico más evidente de la nueva situación.
Este artículo plantea diversas interrogantes sobre esta interpretación, cada vez más dominante en la historiografía reciente. Su objetivo, sin embargo, no es tanto ofrecer una propuesta alternativa, cuanto llamar la atención sobre un registro arqueológico que demanda un mayor contraste en su construcción y una modulación más afinada en su decodificación y transformación en discurso histórico.
